
Por un momento, me temí que a medida que subiera plantas del hotel Puerta América el diseño fuera cada vez más y más futurista —si es que se podía superar a Kathryn Findlay— pero afortunadamente no ha sido así.
La novena planta, obra de Richard Gluckman, es un muy buen ejercicio de lo que podríamos llamar minimalismo contemporáneo. El arquitecto norteamericano ha conseguido un equilibrio entre la “modernidad” que debe destilar el hotel y la necesidad de crear un espacio acogedor donde uno no se sienta un viajero del tiempo.
Como siempre, habrá a quien no le entusiasme, pero se aproxima mucho a lo que se espera de un hotel “de diseño”.
