
Cuando la compañía Apple anunció el lanzamiento de su nuevo producto: iPod, realmente me pareció increíble que este pequeño aparato de 185 gramos de peso, que cabe en un bolsillo, pudiese almacenar miles de canciones y que además con él pudiésemos descargar automáticamente, esas melodías que nos agrada escuchar (nuevas y no tan nuevas…) utilizando un servicio llamado iTunes, y lo mejor, oírlas en cualquier parte y en cualquier momento.
Evidentemente, su único inconveniente era que, sólo las podía escuchar yo o la persona a la que con mucho recelo le prestara mi iPod, o quizas haciendo la inversión de colocar un iPod en cada habitación, lo cual significaría invertir bastante tiempo en sincronizar las melodías en cada uno.

