
Construir en un paraje tan virgen como el de Es Pujol de s’Era es una de las cosas más complicadas a las que se puede enfrentar un arquitecto. Aunque parezca lo contrario, es más fácil definirse cuando lo que tienes enfrente te agrede y debes protegerte de él que cuando te abre los brazos y te dice ven.
En una situación como esta, existen dos soluciones mayoritariamente aceptadas; mimetizarse con el entorno o situarse sobre él como un elemento ajeno, pero a la vez respetuoso y delicado. Esa fue la elección de Marià Castelló, el arquitecto que diseñó este pequeño estudio y vivienda en una parcela de campos de trigo y un pequeño bosque en medio de la isla de Formentera.
A juzgar por lo que ven mis ojos, diría que fue una decisión muy acertada, un buen comienzo que no defrauda, os lo aseguro.




