
Hace tiempo se estrenó una serie de la que todo el mundo hablaba bien: Mad Men. Como una es como es, en un principio no hice demasiado caso a los críticos y la dejé pasar. No tardaría mucho en arrepentirme, concretamente lo que duró el primer episodio de la segunda temporada. De manera que aquí estoy, haciendo un maratón de la primera temporada y deseando ansiosa que la semana pase para avanzar en la segunda.
La serie nos lleva a los años sesenta, una época de la que siempre me ha fascinado su estética, y en esta serie la ambientación está cuidada al extremo. El personaje protagonista es Don Draper, un ejecutivo de publicidad que esconde un duro y enigmático pasado y vive una doble, triple y a veces cuádruple vida amorosa. Su hogar es una gran casa en la que vive con su mujer Betty y sus dos hijos.
