
Hay que ver cómo se ponen los escaparates de las tiendas de muebles cuando llega el verano. A falta de modelos en tanga, como sus primas hermanas las tiendas de moda, exhiben atractivos y coloristas modelos pensados para el periodo estival, es decir, lo que de toda la vida hemos llamado verano.
Estos muebles viven una efímera época de esplendor en la que todo parece mucho más bonito, pero pronto experimentan una decadencia atroz, ya que no todo el mundo tiene un trastero como el Palacio de Liria, ni el mimo necesario para darles un mantenimiento en toda regla.
La culpa de todo la tienen los escaparatistas, y estilistas, que promueven la compra masiva con perfectos ambientes que luego cuesta emular en el sobrepatio que tenemos en la casa del pueblo. Sobrepatio porque se sitúa encima de una tienda de comestibles, que podemos ver (y oír) a través de una preciosa claraboya situada en el centro de nuestro oasis de felicidad.








Siempre me han fascinado los tú y yo porque si tuviera uno, nunca sabría dónde ponerlo. Cierto es que tenían su objetivo en la época en la que fueron creados (sospecho que encaminado hacia la castidad) pero hoy en día son pocos los que tienen espacio en su casa como para permitirse uno. Kissing Jim, que así es como se llama este invento, ha sido creado por Modern Convenience, y está recomendado sólo para los muy románticos. 



