
No os imagináis la ilusión que mi hizo cuando, durante un blogtrip por el valle de Loira, fuimos a ver Cheverny, el castillo en el que se inspiró Hergé para dibujar Moulinsart, la mansión del Capitan Haddock en Las Aventuras de Tintín. Tiene algo de magia visitar el lugar que tu imaginación siempre había recreado, pues tu mente no para de inundarte con imágenes y recuerdos de todo lo que sucedía entre esas paredes.
La mansión forma parte importante de la trama de El Secreto del Unicornio y El Tesoro de Red Rackham, que narran las aventuras de nuestro intrépido reportero mientras trata de resolver el misterio legado por un antepasado del capitán en los mástiles de tres réplicas de su barco, el Unicornio, así como la posterior búsqueda del tesoro. Curiosamente, son las dos historias que Steven Spielberg cuenta en su próxima película, Las Aventuras de Tintín.
A partir de estos episodios, la mansión pasa a ser propiedad del Capitán Haddock —compartiéndola con su buen amigo el profesor Tornasol—, siendo escenario principal de aventuras como Las Joyas de la Castafiore, donde un escalón roto de la escalera principal es el gran protagonista, o blanco de los experimentos del profesor, como ocurre en El Asunto Tornasol o El Oro Negro.












