
A mí, que no tengo gran cosa que guardar, me hace gracia que alguien tenga caja fuerte en casa. Cuando, rara vez, oigo decir: lo tengo en la caja fuerte, no puedo evitar ver a mi interlocutor como una suerte de James Bond guardando valiosos documentos o a una Ivana Trump hispana poniendo a buen recaudo sus joyas. Nunca se me ha ocurrido instalar una ni por pequeña que fuera, que a ver qué iba a meter, si acaso el taladro y las llaves allen, mis pequeños tesoros.
Así que las cajas fuertes de Döttling me quedan un poco grandes, pero el concepto me parece muy curioso; cuando mucha gente lo que hace es esconderlas detrás de un cuadro (veo muchas pelis, sí) para que pasen desapercibidas, esta casa alemana les da una importancia inusual y las convierte en un objeto de deseo por sí mismas.
