
En un artículo de Gizmodo he leído que Ikea está rediseñando el clásico entre los clásicos, sus estanterías Billy para adaptarlas a las nuevas demandas que les exigen unas librerías más anchas. El motivo que aducen en el blog tecnológico es que cada vez menos personas colocan libros en sus estanterías y habría que adaptarlas para los nuevos objetos que se colocan en ellas como figuritas, aparatos tecnológicos o los libros gigantes (casi todos los que he visto son de la marca Taschen) que ahora venden en todas partes.
Si aceptamos las cifras de The Economist sobre la venta de libros, hay una clara tendencia a la disminución de estas, ya sea porque nos estamos pasando a los libros digitales o porque cada vez hay menos lectores (al menos entre los habitantes de EEUU a los que se refiere el artículo). Estas cifras de ventas de libros afectan indirectamente a la industria decorativa que tiene que adaptarse a las necesidades de unas personas que necesitan un ancho específico en sus estantes para colocar sus nuevos elementos decorativos.






