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Una sartén que se pega desde el primer día.

En Decoesfera os vamos contando el día a día de nuestras peripecias decorativas, pero eso no significa que siempre acertemos. Hoy me pongo ante vosotros para contaros mi triste experiencia con las sartenes que tuve la mala suerte de comprar. El caso es que yo me acababa de independizar y como todos los recién emancipados no iba bien de dinero, así que me decidí a ahorrar en el menaje de la casa y compré las sartenes más baratas que pude encontrar.

La oferta a priori no estaba mal, ya que por 9 euros tuve 3 sartenes de diámetros distintos, ideales para preparar desde una tortilla hasta un filete grandecito. El caso es que ya desde el primer momento noté que algo no iba bien porque se me pegaron nada más estrenarlas.

Pardilla de mí, pensé que era un problema de que no había echado suficiente aceite, ya que hasta ese momento en el que vivía en casa de mis padres los alimentos, si se pegaban a las sartenes, se limpiaban “mágicamente”. Lo cierto es que no controlaba muy bien de qué dependía que las sartenes no se pegaran pero con mi compra tuve una iluminación: el precio era importante.

La segunda en la frente me la encontré cuando descubrí que era prácticamente imposible despegar la comida pegada, era como si se hubieran fusionado con el teflón (bueno, ahora sé que no era teflón) del fondo. Además, por la parte de detrás que era gris y negra (la típica figura de circulitos) se había convertido en negra completamente.

Para terminar de complicar la cosa, a partir del segundo uso, empezaron a echar un humo negro negrísimo no justificado porque ni siquiera era que tuviera el fuego muy alto (tengo vitrocerámica, pero no era el caso) ni se estaban quemando las cosas que cocinaba. Más tarde descubrí que lo que sucedía era que se estaba quemando poco a poco la pintura de debajo.

Un mes después, tengo la sartén pequeña que veis sobre estas líneas prácticamente inutilizada porque el pegado no se va por más que la froto, por más que la dejo toda la noche con agua y jabón o por más que intento hacer la comida con bastante líquido para que no se seque. Este es uno de los casos en los que se ve claramente que “lo barato sale caro” porque por querer ahorrarme unos eurillos me encontré con que tenía que volver a hacer esa inversión de nuevo.

De esta experiencia (y de lo que me dijo mi madre después) aprendí:

  • Que lo barato en muchas ocasiones sale caro. Calidad y precio rara vez van de la mano.
  • Que las buenas sartenes pesan. Probadlo vosotros mismos. Las mejores son siempre las más pesadas.
  • Que el teflón hace que no se peguen los alimentos incluso si no echas apenas aceite.

¿Vosotros habéis comprado sartenes baratas alguna vez? ¿Tenéis alguna marca de sartenes favorita?

En Decoesfera | Análisis y pruebas

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