Sigue a

Un graffiti de Banksy.

Hace unas semanas, salió a la luz el caso de Hackney, donde un edificio estaba “decorado” con un graffiti de Banksy, el grafitero más famoso del Reino Unido y fue mandado borrar por el Ayuntamiento. El graffiti representaba una caricatura de la Familia Real británica y ha sido borrado casi en su totalidad.

La desaparición de un graffiti no sería noticia si no fuera porque turistas de todo el mundo peregrinaban para ver esta fachada. Toda una industria de fotos y suvenirs florecieron en torno a la obra del grafitero anónimo, e incluso los dueños de la casa denunciaron al Ayuntamiento porque consideraron un atropello la desaparición de esta obra.

Otro graffiti de Banksy

Sé que Banksy es un caso extremo, e incluso cuando visitas el Reino Unido todas las tiendas de recuerdos están inundadas con reproducciones de sus obras en los formatos más peregrinos: ceniceros, camisetas, toallas… y probablemente él sea el artista clandestino menos clandestino de la historia porque el hecho de tener una obra de él en tu barrio ya te garantiza una serie de visitas turísticas. Si Banksy es una excepción, ¿qué hacemos con el resto de grafiteros? ¿Dónde está la frontera entre arte y vandalismo?

A mí el graffiti me parece un “arte” sucio, que por lo general no embellece las calles sino que las ensucia y acentúa la degradación del entorno. De hecho, cuando veo algún nombre escrito siempre pienso en mi padre diciendo “el nombre de los tontos aparece en todas partes”.

Entiendo que los graffitis de Banksy sean, además de más o menos bonitos (los hay muy chulos, no lo negaré), son una manera de protestar contra ciertos aspectos de la sociedad actual, como podéis ver en las imágenes que acompañan a este texto. ¿Vosotros qué opináis?

Imágenes vía | Leeks y Leeks
Más información | Banksy

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

18 comentarios