
Los armarios de exterior nos salvan de la hecatombe en muchas ocasiones. Me refiero a esos armarios de resina que tanto se ven en estos días en la zona de temporada de los almacenes de bricolaje, resistentes y de gran capacidad, en los que las escobas, plumeros, macetas y cubos se sienten como en su casa. Hace años compré uno que me hizo un gran apaño, pues pude almacenar y ordenar un montón de artículos de limpieza que no me entraban en casa y todos los aperos que utilizo para arreglar y mantener la plantas en la terraza.
La verdad es que nunca me gustó demasiado su color ni su aspecto, en dos tonos de gris, pero era muy práctico y no íbamos a empezar una relación con peros. Con el tiempo, la resina fue perdiendo lustre y acumulando rozaduras que le daban un aspecto de dejadez. Siempre tuve en mente darle un cambio de aires, pero no me atrevía a pintarlo y no sabía cómo cubrirlo para que estuviera presentable.
Un día vi en una terraza uno de estos armarios de un color burdeos muy brillante, saltaba a la vista que estaba pintado y se me encendió la bombilla. Me puse a investigar entre los distintos tipos de pinturas para ver cuales se podían aplicar sobre superficies plásticas sin necesidad de dar una capa de imprimación previa, que tuvieran un buen agarre y la necesaria elasticidad para evitar grietas y desconchones. De entre todas, la que más posibilidades de éxito tenía era el esmalte metálico de efecto forja, y sin pensarlo dos veces me fui al centro de bricolaje dispuesta a todo.






Siempre me han fascinado los tú y yo porque si tuviera uno, nunca sabría dónde ponerlo. Cierto es que tenían su objetivo en la época en la que fueron creados (sospecho que encaminado hacia la castidad) pero hoy en día son pocos los que tienen espacio en su casa como para permitirse uno. Kissing Jim, que así es como se llama este invento, ha sido creado por Modern Convenience, y está recomendado sólo para los muy románticos. 
