
Hoy en día la oferta de cine en televisión es tan variada como actual. A un click de mando a distancia tenemos acceso a una buena carta de películas estrenadas hace escasos meses, un año a lo sumo. Pero cuando esta editora era niña, y de eso ya va haciendo una buena pila de años, se emitían películas antiguas, joyas en blanco y negro; en definitiva, cine clásico por un tubo. Este es el cine que me hizo amar el séptimo arte, y aunque el panorama actual arroja de cuando en cuando verdaderas joyas, y también disfruto con las numerosas comedias románticas que me hacen desconectar, aquellas viejas pelis no tienen parangón.
Estéticamente, que es lo que viene aquí al caso, eran impecables; el blanco y negro las teñía de un aura especial y su decoración creaba escenarios lujosos y elegantes. Era el estilo Hollywood Regency,y dentro de este, fueron los decoradores William Haines y Dorothy Draper quienes crearon escuela.
Haines desembarcó en Hollywood como galán de cine, para más tarde dedicarse a construir decorados de ensueño. Con una buena agenda de amistades entre las celebridades de su época, en el año 1930 abrió una tienda de antigüedades, captando la atención de, entre otras estrellas, Joan Crawford y Carole Lombard. Hoy en día, pronunciar estos nombres nos evoca a un glamour como de otro mundo, que en estas fechas no encuentra remedo. Crawford lo contrató para actualizar su decoración, a partir de ahí, su oficina se convirtió en una dirección obligada y un referente de estilo.






