
Creo que todos de niño veíamos al clásico perchero como un pequeño árbol dentro de casa. Con sus raíces, su tronco, sus ramas. Eran árboles de hoja caduca pero a la inversa, en verano desnudos y en invierno frondosos.
Si aún no os habéis desprendido de esa imagen de la infancia, tal vez os resulte atractivo este diseño de Eric Ginder.
A mí siempre me ha gustado la presencia de algún elemento orgánico en un espacio minimalista; le aporta calidez con su forma y, aunque este no es el caso, normalmente también con su color y su textura.






