
La canciller alemana, según se ha comentado ampliamente durante todo el día en la red, no sólo es buena cocinera sino que además tiene muy buena mano para la jardinería y, cuando descansa en su casa en el noreste de Alemania, dedica parte de su tiempo libre a luchar contra las malas hierbas.
El afán por las plantas le viene ya desde niña, pues ya entonces le gustaba mantener en orden el jardín, al parecer con éxito, pues “todo” lo que ha plantado “ha crecido bien”. En su oficina de la Cancillería berlinesa tiene una crassula ovata, una planta suculenta de hojas gruesas y carnosas y una palmera, que ella llama su “pequeño oasis”.
“Siempre he sentido mucho respeto por lo bien que se han adaptado las especies y sobre cómo logra sobrevivir la naturaleza”, dice la jefa del Gobierno, quien la semana próxima participará en la recta final de la conferencia de la ONU sobre biodiversidad que se celebra en Bonn.
