Un paragüero para mi paraguas

Mientras asimiláis el título, os diré que hoy se ha levantado el día lluvioso tras mi ventana. No tenía la menor intención de salir de casa, pero el agua ha debido de hacer estragos en algún punto entre internet y mi ordenador, así que decidí volver al cobijo del hogar paterno en busca de la ansiada conexión. Lo que yo no sabía es que ahí fuera me esperaba el diluvio universal, y yo con un paraguas de esos que se asustan al ver caer agua del cielo.
La cuestión es que tras cruzar ríos, navegar en un tranvía que se abría paso entre las aguas cual Moisés en el desierto y llegar por fin a la tierra prometida, me encuentro con que mi sufrido paraguas no tiene un triste paragüero donde caerse muerto.
Qué injusticia, pobrecito, pensaba para mis adentros, a la par que una bombilla se iluminaba sobre mi cabeza; un paragüero sería un buen regalo para mi padre estas navidades.

Hace unos días en nuestra serie de detalles para cada tipo de persona 








