
Uno de los mayores inconvenientes del alicatado que solemos lucir en nuestros baños, es la dificultad a la hora de taladrar para poder sujetar los complementos. En realidad la tarea en sí no es demasiado complicada, basta con usar una broca adecuada y aplicar un par de trucos para que la cerámica no se rompa.
Lo que resulta más engorroso es la nula capacidad de corrección, ya que sobre este material, una vez has hecho el taladro, es complicado disimularlo, de manera que cuando cambiamos dichos complementos nos las vemos y deseamos para tapar o reutilizar esos mismos agujeros.












