
Me encanta la trágica historia del perfeccionista Vatel, maestro de ceremonias primero de Fouquet y luego del príncipe Luis II de Borbón en la Francia del siglo XVII.
No sólo elegía los menús, organizaba el avituallamiento y vigilaba la elaboración de los platos, también decidía la disposición y la decoración de las mesas y de los salones, orquestaba las tareas del personal de servicio y escogía los divertimientos para los comensales. Vatel fue ante todo un gran maestro de ceremonias, consciente de la importancia de su trabajo e innovador en el arte de recibir y agasajar.
Nosotros no vamos a organizar fiestas de tres días y tres noches, ni vamos a suicidarnos porque no llegue el pescado, pero somos igualmente conscientes de la importante conexión entre gastronomía y decoración, especialmente en fechas tan señaladas como las navideñas que se aproximan.













