
Cuando me mudé a la casa en la que vivo, hace ya más de diez años, tuve claro que no quería instalar aire acondicionado. Total, para dos meses calurosos no quería realizar una instalación tan costosa, en cuanto a consumo energético y estética. Mi casa está orientada al oeste, y las tardes de verano se convierte en la niña de los ojos del sol, que no deja de cubrirnos con su manto de fuego. El primer año instalé un toldo que moderaba los rayos directos, pero todavía quedaba algo por hacer: aislar las ventanas con algún material amable y natural.
Desde el primer momento pensé en encargar unas persianas de esparto, pero su alto precio me disuadió. Suelen costar alrededor de 60 euros el metro cuadrado, un precio que se justifica al ser un producto artesanal, en el que se invierten horas de trabajo y para el cual se necesita una especialización. Hay que reivindicar el trabajo de los artesanos.








Sí, todos necesitamos a diario cinco minutos en los cuales sentarnos, relajarnos, tomar un té (o lo que nos guste) y recargar las pilas para seguir adelante.
Es cierto que darle al salón un estilo propio es lo más acertado, pero también lo más arriesgado, corres el riesgo de no crear un ambiente armónico o no poder integrarlo bien con el resto de tu vivienda. Para definir el estilo de tu salón y evitar esto además del equipamento básico, hay que cuidar detalles como las lámparas, alfombras,...


