
Hace años la moqueta era un signo de distinción y elegancia en decoración. Con el paso del tiempo, otros pavimentos más resistentes y con un mejor mantenimiento tomaron la delantera, pero sigue siendo una opción que puede que de nuevo comience a verse de manera más habitual. No hay duda de que un suelo con moqueta resulta tentador en algunas habitaciones en las que apetece andar descalzos, jugar en el suelo, o simplemente sentir un piso cálido bajo los pies.
Hoy vamos a ver cómo limpiar la moqueta, para procurar un mejor mantenimiento y que los problemas de alergias por acumulación de ácaros que muchos esgrimen en su contra puedan verse minimizados. Si hay un elemento necesario en todo hogar que tenga moqueta instalada, ese es el aspirador. Es la única manera de asegurar una limpieza diaria en profundidad en una superficie fibrosa en la que la escoba tiene muy poco que hacer. Hay que escoger un modelo muy potente y a poder ser con unos buenos filtros anti-ácaros que renovaremos con frecuencia.
La pereza es un feroz enemigo de este tipo de superficies. Cuanto más tiempo se dejen cierto tipo de manchas, más difícil será eliminarlas. Cuando detectemos una mancha fresca nos pondremos manos a la obra. Si se trata de restos sólidos, como comida o similar, retiraremos estos con una rascador o un pequeño cuchillo, cuidando de no deteriorar las fibras. Si existe líquido, utilizaremos papel absorbente o un paño de microfibra, los cuales aplicaremos sobre la zona a tratar, para que lo absorba, apretando con suavidad y siempre de fuera a dentro, para evitar extender la mancha. Las manchas con base de agua se limpian con una solución de agua y jabón neutro.


