
Parece ser que es algo muy común en Suiza desde antiguo, pero yo me acabo de enterar leyéndolo en Esprit Cabane. Se trata de una bonita bolsita, como las de goma que se utilizan en frío o en caliente para calmar los dolores, pero rellena de huesos de cereza. Ahora es el momento, así que tenemos que ponernos manos a la obra antes que se terminen.
Primero, claro, hay que comerse las cerezas, o bien utilizarlas para algunos de los ricos platos que nos enseñan en Directo al Paladar. Ponemos los huesos en una olla, añadimos agua y una cucharadita de vinagre y las dejamos hervir un rato. Las enjuagamos con agua clara, frotándolas bien para eliminar cualquier resto de pulpa, y las dejamos secar al sol.
