
Los niños lo ven todo de manera diferente a como lo vemos los adultos, para ellos la imaginación no tiene límite y no se dejan intimidar por prejuicios ni patrañas de mayores. Les enseñamos a ordenar y a veces lo ven como una tarea aburrida, muy aburrida. Si al menos pudieran tener un almacenaje divertido en las alturas para subir todas esas cosas hasta más allá de las nubes, cerca del sol, por dónde pasan los aviones…
De la imaginación de alguien que no ha olvidado su infancia y tuvo esas ensoñaciones llega esta estupenda idea: un sistema de poleas para alzar varios cestos en los que organizar los juguetes. Me diréis que no es cómodo, ni práctico, que si el polvo, que si se estropea el techo. Lo sé, pero hoy me he levantado con el espíritu de niña y no voy a dejar que ninguna de esas salvedades me condicione. Me imagino bajando el cesto de los osos y, de vuelta, deseándoles buen viaje hacia el más allá, es decir, ese techo que se convierte en un cielo de sensaciones.













