
La pintura es un un buen aliado a la hora de cambiar el aspecto de una habitación y sanearla, renovándola por completo. Además de un revestimiento decorativo, también es un excelente protector contra el desgaste o los efectos de la humedad. Muchas familias encargan este trabajo a profesionales que en pocos días dejan la casa como nueva, pero la cuenta corriente se resiente y es por eso que otros tantos decidimos encargarnos personalmente del asunto.
Hay que prestar atención a la limpieza del material a cubrir. Las rugosidades se alisan con papel de lija y los huecos se rellenan con masilla. En el caso del hierro, hay que eliminar todo resto de óxido con un cepillo de metal o una lija gruesa. Las paredes con papel pintado no vinílico, son aptas para la aplicación de pintura. Los azulejos también admiten algunos esmaltes especialmente ideados para este fin.












