
Viajar en avión me aterra, pero cuando subo a uno y despegamos, hay algo que actúa en mí como un bálsamo y me hace olvidar el vértigo que me afecta a partir de un tercer piso. Entonces pego mi cara a la ventanilla y dirijo la vista al suelo para contemplar un paisaje de gran belleza, la tierra dividida en parcelas de diferentes dimensiones, formas y colores. Unas en barbecho, otras llenas de cereal, la luz del sol reflejando sobre ellas y la vida, en suma, discurriendo sobre tan magno escenario.
Por eso me ha encantado la propuesta de Landcarpet, una serie de alfombras que reproducen este paisaje agrario jugando con los colores, las texturas y los volúmenes para ofrecer un suelo tapizado de campo. Es un diseño del arquitecto austríaco Florian Pucher, y están realizadas con lana de Nueva Zelanda. Las lindes entre cada terreno están delimitadas por una depresión en la trama de la lana, un detalle que le aporta una gran belleza, pues juega con las sombras que se proyectan en el vacío.







