
El dormitorio es tal vez la habitación de la casa en la que pasamos más tiempo, aunque este sea durmiendo. A mí me gusta que esta estancia sea cómoda y que se amolde, como el resto, a mis costumbres y lo cierto es que rara vez me voy a dormir sin leer antes, lo que me obliga a acondicionar la habitación para poder leer antes de dormir.
Lo más fácil que podéis hacer los que, como yo, disfrutéis leyendo en la cama es poner más almohadas. Leer sentado con los pies estirados es un placer, y no hacen falta batamantas como nos intenta hacer creer la sociedad. Un par de almohadas extra o una bien alta que nos sostenga la espalda sin dañar el cabecero puede ser suficiente. En mi caso, es lo que uso a falta de más espacio.













