
Estos días estoy viviendo en mi cocina una rebelión de las pequeñas cosas. Después de muchos años de vivir en la misma casa, y aunque desde hace un tiempo estoy muy comedida en las compras y apenas renuevo menaje, me estoy dando cuenta de que cada vez me encuentro más cosas por medio, de esas que parecen decir, -solo voy a estar un ratillo aquí, pero al final se alojan durante semanas en una esquina de la encimera. O directamente en medio, propiciando el desorden y la invasión.
De manera que no dejo de mantener unos interesantes diálogos conmigo misma, y constantemente me vienen a la mente momentos y personas. Por ejemplo, aquel día en que no tuve mejor cosa que hacer que comprar otro conjunto de sartenes, para que el que ya tenía en casa no se sintiera tan solo. O en la tía Rita, cuando fue tan amable de dejarme en herencia ese juego de café con tantas, tantas piezas.
Por no hablar del paquete de arroz negro chino que pulula de estante en estante sin encontrar su espacio, o la lata de kilo de ventresca de atún del mar muerto que nadie sabe dónde guardar, ni de dónde salió. A todo esto hay que ponerle freno, ordenando los armarios y decidiendo con criterio firme qué nos sirve y qué no. Vamos a ver unos consejos para hacer sitio en los armarios de la cocina.








