
Cuando acabamos de pintar una habitación, siempre nos queda algo de pintura. Es rara la vez que terminamos el bote a la vez que la pared, y casi siempre (al menos en mi caso) nuestra tendencia es a guardar los restos “por si acaso” cuando lo cierto es que en realidad se secan antes de usarlos. Hoy os propongo diez usos de esos restos para que no tengáis botecitos por casa (en cualquier caso, apuntad el número del pantone que os darán en la tienda de pintura y encontraréis el mismo color tantas veces lo necesitéis).
1. Para pintar las patas de las sillas o de las mesas, tanto en su totalidad como solo la parte inferior para darles un toque personal y divertido.
2. Cambia de aspecto del fondo de una estantería con un toque de color diferente, aunque no sea el mismo que el de la pared.
3. Para pintar la puerta de la estancia. Atrévete a sorprender a todo el mundo con una puerta única. Si no te queda suficiente para toda la puerta, dale una mano a las molduras y verás cómo cambia todo.












