
El polvo es algo con lo que tenemos que convivir. A veces más, a veces menos, pero es inevitable que se acumule en nuestros muebles y objetos personales a lo largo de la vida. Como no queremos que un poco de polvo te estropee la decoración, te vamos a dar unos cuantos consejos para conseguir mantenerlo a raya y minimizar el esfuerzo.
- El polvo está ahí, da igual lo que hagas. Repítete este consejo zen: el polvo está ahí, y aunque lo quite hoy mañana volverá con sus ácaros y su suciedad. Es importante que no pierdas de vista este mantra: quitar el polvo es una tarea constante.
- La decoración en colores claros ayudará a disimular el polvo si eres de los que no tiene tiempo de pasar el plumero a diario.
- Cuando pases el polvo, recuerda que tienes que empezar a limpiar de arriba hacia abajo, así el polvo que quites se irá posando en las baldas inferiores (si estás limpiando una estantería).
- Las cortinas también cogen polvo: lávalas al menos una vez al mes. Como ya comentamos, esto también dará un olor fresco a tu casa, especialmente si viven en ella fumadores.


A mí me gusta pensar en las casas como “experiencias multimedia”. Me explico, porque dicho así suena muy etéreo: Estar en una casa es ver los muebles, cómo combinan y cómo interactúan entre ellos. Pero también es sentir el tacto de los tejidos, escuchar los ruidos y oler los aromas: el café por las mañanas, la comida a medio día… y el olor típico de tu hogar cuando entras. No siempre es posible tener una casa que no huela a nada o simplemente que huela bien. Y no tiene por qué gustarte el aroma de los ambientadores al uso, por lo que os propongo un par de truquillos que os servirán para que la primera impresión que se lleven de vuestro hogar los visitantes sea del todo positiva.
Un par de trucos de mi idolatrada Swissmiss para que la decoración os aguante más tiempo en perfecto estado de revista, sólo utilizando vodka: