
Al margen de las críticas y de las numerosas polémicas que ha suscitado la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud 2011 en Madrid no podemos por menos que fijarnos en la arquitectura y el diseño que acompañan a este evento, sin duda el más importante de los últimos tiempos en nuestro país.
El artífice de todo ello ha sido el arquitecto Ignacio Vicens, socio del estudio Vicens-Ramos, experto en construcciones efímeras y conocido ya por su colaboración en otros acontecimientos como la decoración de la catedral de la Almudena, en la que se celebró la boda de los Príncipes de Asturias, o la realización del palco del Paseo de la Castellana creado para la visita del Papa Juan Pablo II en 2003.
Precisamente esa propiedad en la que Vicens es experto, lo efímero, ha sido la línea que ha marcado todo el diseño en la JMJ, en la que se han utilizado sistemas modulares y económicos capaces de montarse y desmontarse fácil y rápidamente. El color elegido para las estructuras protagonistas, el altar de Cibeles, los confesionarios y el estrado de Cuatro Vientos, ha sido el blanco, no sólo por ser el color vaticano por excelencia sino porque resulta muy adecuado especialmente en los escenarios ya que ofrece la posibilidad de hacer proyecciones y juegos de luces.













