
Hoy en día resulta complicado encontrar hoteles con personalidad. Los estándares estéticos han devorado lo único y diferente en pos de agradar al mayor número de personas posible, aunque sin sorprender a ninguna de ellas. Algo que sí consigue el Château Tertres, donde pasé la noche tras un día disfrutando la gastronomía del Valle del Loira.
Por fuera, el hotel es una pequeña mansión o “castillo” típico de la campiña francesa, con ese neoclasicismo tan elegante. Situado en lo alto de una colina rodeada de árboles, ofrece una posición privilegiada para disfrutar del paisaje a la vez que resguarda del ruido, permitiendo al huésped relajarse mientras escucha el viento meciendo las hojas, el piar de los pájaros y algún que otro chaparrón esporádico golpeteando los cristales de la ventana.
Una vez en las habitaciones, sorprende que algunas de ellas estén decoradas de una forma más atrevida, aunque manteniendo una línea con mucho en común, lo que hace del Chateau Tertres un lugar que conjuga con gusto historia, tranquilidad y diseño.













