Me encantan las porcelanas antiguas, Valdemorillo, Pickman, Talavera o las inglesas como Staffordshire, holandesas como Delft y por supuesto las alemanas, pero el impedimento para convertir la casa en el Museo de Artes Decorativas es, además de los balonazos, el otro adulto que vive en casa, que sólo quiere ver porcelana y cerámica en los museos.
Así que tras las primeras peloteras de recién casados, descubrí una manera de “colarle” mis porcelanas, coleccionadas o heredadas. Los centros de flores. No concibo una casa sin flores frescas y plantas, y cada visita a The Workshop de Sally Lerma se convierte en un placer, así que todas mis jardineras y jarrones son totalmente originales.








